Alberto Savarus y otras historias
Alberto Savarus y otras historias Recorrieron juntos los tres aposentos que componÃan su vivienda. La pieza de entrada servÃa de salón y comedor. A la derecha encontrábase un dormitorio; a la izquierda, un gabinete espacioso que Luigi habÃa mandado arreglar para su querida esposa y en el que ésta encontró los caballetes, la caja de los colores, el yeso, los modelos, los maniquÃes, los cuadros, las carpetas, en fin, todo el mobiliario del artista.
—Trabajaré, pues, aquà —dijo la joven con expresión infantil.
Miró un buen rato el empapelado de las paredes, los muebles, y cada vez se volvÃa hacia Luigi para darle las gracias, porque habÃa una especie de magnificencia en aquel pequeño refugio: una librerÃa contenÃa los libros predilectos de Ginevra y al fondo se hallaba un piano. Fue a sentarse en un diván, atrajo a Luigi junto a sà y estrechándole la mano le dijo con voz cariñosa:
—Tienes muy buen gusto.
—Tus palabras me hacen muy feliz —contestó él.
—Pero veámoslo todo —dijo Ginevra, para quien Luigi habÃa rodeado de misterio la disposición de aquel hogar.
Fueron entonces hacia una cámara nupcial, fresca y blanca como una virgen.
—¡Oh!, salgamos —dijo Luigi riendo.