Alberto Savarus y otras historias
Alberto Savarus y otras historias —Cuando yo guardo rencor a una mujer —dijo al terminar de hablar—, yo no la calumnio, no pretendo que se la magnetice para encontrar piedras en ella; digo que es jorobada, y lo demuestro. ¿Por qué me comprometéis?
Paz guardó el más cruel de los silencios. La Chapuzot acabó por saber el nombre y el tÃtulo de Tadeo; luego, en el hotel Laginski, enterose de cosas positivas: Paz era soltero, no se le conocÃa ninguna hija muerta ni en Polonia ni en Francia. Málaga no pudo entonces evitar una sensación de terror.
—Hija mÃa —dijo la Chapuzot—, ese monstruo…
Un. hombre que se contentaba con mirar de un modo socarrón, de reojo, sin atreverse a nada, sin permitirse confianzas, con una hermosa criatura como Málaga, según la mentalidad de la Chapuzot, tenÃa que ser un monstruo.
—Ese monstruo os está amaestrando para llevaros a cometer una acción ilegal o criminal. ¡Santo Dios! Si tuvierais que ir a la audiencia o, lo que me hace temblar de pies a cabeza, al correccional, si vuestro nombre saliera en los periódicos… Yo, ¿sabéis lo que harÃa en vuestro lugar? Pues bien, en vuestro lugar, yo, para mayor seguridad, avisarÃa a la policÃa.