Cuentos filosoficos
Cuentos filosoficos —Señora, tanto los del Croisic como los de Batz creen que este hombre es culpable de algo y está haciendo una penitencia mandada por un célebre rector con el que se fue a confesar más allá de Nantes[40]. Otros creen que Cambremer[41], asà se llama, tiene un mal fario que le transmite a todo el que pasa bajo su aire. ¡De modo que muchos, antes de rodear su roca, miran de dónde viene el viento! Si es de galerna[42] —dijo señalándonos el oeste—, no seguirÃan su camino ni aunque fuera para ir a buscar un trozo de la vera cruz; se vuelven, les entra miedo. Otros, los ricos del Croisic, dicen que Cambremer tiene hecha una promesa, de ahà su nombre de Hombre de la promesa. Está ahà noche y dÃa, sin salir. Estos decires tienen sus visos de razón. Miren —dijo volviéndose para enseñarnos una cosa en la que no nos habÃamos fijado—, puso ahÃ, a la izquierda, una cruz de madera para anunciar que se ha puesto bajo la protección de Dios, de la santÃsima Virgen y de los santos. Aunque no se hubiera consagrado de ese modo, el espanto que le da a la gente hace que esté ahà en seguridad como si lo guardaran tropas. No ha dicho una palabra desde que se encerró al aire libre; se alimenta de pan y agua que todos los dÃas le trae la hija de su hermano, una rapazuela de doce años a la que le ha dejado sus bienes, y que es una criatura preciosa, dulce como una cordera, una niña lindÃsima, saladÃsima. Unos ojos azules de esta largura, que tiene —dijo enseñando el pulgar—, debajo de una melena de querubÃn. Cuando le preguntan: «A ver, Pérotte…» (entre nosotros eso quiere decir Pierrette[43], dijo interrumpiéndose; está ofrecida a san Pedro, Cambremer se llama Pierre, fue padrino suyo). «A ver, Pérotte —prosiguió—, ¿qué te dice tu tÃo?». «Pues no me dice nada —contesta ella—, nada de nada, nada». «Bueno, pues ¿qué te hace?». «Me da un beso en la frente los domingos». «¿No te da miedo de él?». «¡Anda! —va y dice—, si es mi padrino. No ha querido otra persona que le traiga de comer». Pérotte pretende que él sonrÃe cuando viene ella, pero serÃa como decir un rayo de sol en la llovizna, porque dicen que él es nublo como una bruma.