Cuentos filosoficos
Cuentos filosoficos A un lado de la chimena había un armario de madera noble y magníficamente tallada, que a los recién casados aún se les regalaba en provincias el día de su boda. Esos viejos arcones tan buscados hoy día por los anticuarios eran el arsenal del que las mujeres sacaban los tesoros de sus atavíos tan ricos como elegantes. Contenían los encajes, los corpiños, los cuellos altos, los vestidos de precio, las faltriqueras, los antifaces, los guantes, los velos, todos los inventos de la coquetería del siglo XVI. Al otro lado, por simetría, se alzaba un mueble parecido en el que la condesa ponía sus libros, sus papeles y sus pedrerías. Remataban el mobiliario de aquella habitación unos sillones antiguos de damasco, y un gran espejo verdoso fabricado en Venecia y ricamente enmarcado en una especie de tocador rodante. El suelo estaba cubierto con una alfombra de Persia cuya riqueza atestiguaba la galantería del conde[66]. En el último escalón de la cama se hallaba una mesita en la que la camarera servía todas las noches, en una copa de plata o de oro, un brebaje preparado con especias.