Cuentos filosoficos
Cuentos filosoficos —Hay que estar muy enamorada —exclamó ella dispuesta a sacrificar sus escrúpulos de amor para recompensar a su amante por todos los sacrificios que por ella hacÃa—. Pero —prosiguió— eso serÃa perderme. ¡Ah!, perderme por ti. ¡SÃ, eso es muy bonito!, pero me olvidarás. ¡Oh!, ¡qué mal pensamiento es ese que has tenido!
—Lo he tenido y te quiero —dijo él con una especie de contrición—, pero entonces es que soy un infame.
—¿Por qué no consultamos al padre Hardouin? —dijo ella.
—¡Oh, no!, que sea un secreto entre nosotros dos.
—Bueno, iré; pero tú no estés —dijo ella—. Quédate a la puerta armado con tu daga; si grito, entra y mata al pintor.
No viendo más que su arte, Poussin estrechó a Gillette en sus brazos.
«¡Ya no me quiere!», pensó Gillette cuando se halló sola[839].
Ya se arrepentÃa de su resolución. Pero pronto fue presa de un espanto más cruel que su arrepentimiento; se esforzó en expulsar un horrible pensamiento que se elevaba en su corazón. CreÃa amar ya menos al pintor al sospecharle menos estimable[840].