El coronel Chabert y otras historias
El coronel Chabert y otras historias En aquel momento, el coronel Chabert sentose en medio de aquellos hombres de semblantes enérgicos, vestidos con las horribles libreas de la miseria, silenciosos a intervalos o hablando en voz baja, porque tres gendarmes de facción se paseaban haciendo resonar sus sables sobre el suelo.
—¿Me reconocéis? —dijo Derville al viejo soldado colocándose delante de él.
—SÃ, señor —respondió Chabert levantándose.
—Si sois un hombre honrado —repuso Derville en voz baja—, ¿cómo habéis podido seguir siendo mi deudor?
El viejo soldado se sonrojó como habrÃa podido hacerlo una joven acusada por su madre de un amor clandestino.
—¡Cómo! ¿La señora Ferraud nos os ha pagado? —exclamó en voz alta.
—¿Pagado?… —dijo Derville—. Me ha escrito que eras un intrigante.
El coronel levantó los ojos con un sublime movimiento de horror y de imprecación, como para clamar al cielo por aquel nuevo engaño.
—Señor —dijo con voz tranquila, a fuerza de alteración—, conseguir de los gendarmes el favor de dejarme entrar en la escribanÃa, voy a firmaros un mandato que seguramente será pagado.