El coronel Chabert y otras historias
El coronel Chabert y otras historias —Bien —repuso el juez dirigiéndose a una mujer baja y gruesa que estaba de pie junto a él—, si no me decÃs lo que os pasa, yo no lo adivinaré, hija mÃa.
—Daos prisa —le dijo Lavienne—, no robéis el tiempo a los demás.
—Señor —dijo al fin la mujer ruborizándose y bajando la voz de modo que sólo pudieron oÃrla Popinot y Lavienne—, habÃa escondido el dinero que tenÃa y…
—Y vuestro hombre os lo quitó, ¿no es eso? —dijo Popinot adivinando el desenlace de la confesión.
—SÃ, señor.
—¿Cómo os llamáis?
—La Pomponne.
—¿Vuestro marido?
—Toupinet.
—¿Calle del Petit-Banquier? —repuso Popinot hojeando su registro—. Está en la cárcel —añadió leyendo una observación al margen de la casilla en que aquella familia se hallaba inscrita.
—Por deudas, señor.
Popinot meneó la cabeza.
—Pero, señor, no tengo con qué llevar adelante mi negocio de vendedora ambulante, ha venido el casero y quiere que le pague, y si no, me echa de la casa.