El coronel Chabert y otras historias
El coronel Chabert y otras historias Bianchon regresó al cabo de una hora. La calle de Fouarre estaba desierta, empezaba a clarear; su tÃo volvÃa a subir a su casa; el último pobre cuya miseria acababa de aliviar el magistrado, se marchaba; la bolsa de Lavienne estaba vacÃa.
—¡Bien! ¿Cómo van? —preguntó el juez al médico mientras subÃan la escalera.
—El hombre ha muerto —respondió Bianchon—, la muchacha podrá salvarse.