El coronel Chabert y otras historias
El coronel Chabert y otras historias Al decir estas palabras, el viejo soldado volvió a caer sobre su silla y quedó inmóvil. Derville permaneció silencioso, ocupado en contemplar a su cliente.
—El asunto es grave —dijo al fin maquinalmente—. Incluso admitiendo la autenticidad de las piezas que deben encontrarse en Heilsberg, no veo que pudiésemos triunfar fácilmente. El proceso irá sucesivamente ante tres tribunales. Hay que reflexionar con mente serena sobre semejante causa, ya que es excepcional.
—¡Oh! —respondió frÃamente el coronel volviendo a levantar la cabeza con un movimiento de orgullo— si sucumbo, sabré morir, pero en compañÃa.
El anciano habÃa desaparecido. Los ojos del hombre enérgico brillaban reanimados por los fuegos del deseo y de la venganza.
—Quizá será preciso transigir —dijo el procurador.
—¡Transigir! —repitió el coronel Chabert—. ¿Estoy muerto o vivo?