El coronel Chabert y otras historias
El coronel Chabert y otras historias —Boucard, id vos mismo a mandar traducir esta carta, y volved en seguida —dijo Derville entreabriendo la puerta de su gabinete y alargando la carta a su pasante principal.
El notario de BerlÃn al que se habÃa dirigido el procurador le comunicaba que las actas cuya expedición le pedÃa estarÃan en su poder unos dÃas después de esta carta de notificación. Los documentos, según decÃa, estaban completamente en regla, y revestidas de las legalizaciones necesarias para hacer fe en juicio. Además, le comunicaba que casi todos los testigos de los hechos consagrados por los procesos verbales existÃan en Prussisch-Eylau, y que la mujer a la cual el conde Chabert debÃa la vida vivÃa aún en uno de los barrios de Heilsberg.
—Esto se pone serio —exclamó Derville, cuando Boucard hubo terminado de darle la sustancia de la carta—. Pero, dime, pequeño —repuso dirigiéndose al notario—, voy a tener necesidad de informes que deben estar en tu despacho. No es en casa de ese viejo bribón de Roguin…
—Nosotros decimos el infortunado, el desgraciado Roguin —repuso el señor Alejandro Crottat, riendo e interrumpiendo a Derville.