El coronel Chabert y otras historias
El coronel Chabert y otras historias La condesa rompió a llorar. Hubo entre la condesa Ferraud y el coronel Chabert un combate de generosidad del que el soldado salió vencedor. Una tarde, al ver a aquella madre en medio de sus hijos, el soldado fue seducido por las gracias conmovedoras de un cuadro de familia, en el campo, a la sombra y en el silencio; tomó la decisión de permanecer muerto, y no asustándose ya de la autenticidad de un acta, preguntó cómo había que hacer para asegurar irrevocablemente la felicidad de aquella familia.
—¡Haced cómo queráis! —respondiole la condesa—, os declaro que no me mezclaré en nada de este asunto. No debo hacerlo.
Delbecq había llegado unos días antes y siguiendo las instrucciones verbales de la condesa, el intendente había sabido ganarse la confianza del anciano militar. Al día siguiente por la mañana, pues, el coronel Chabert partió con el antiguo procurador para Saint-Léu-Taverny, donde Delbecq había hecho preparar en casa del notario un acta concebida en términos tan crudos, que el coronel salió bruscamente del despacho después de haber oído su lectura.
—¡Rayos y truenos! —exclamó— ¡Hacía bonito papel! ¡Pasaría por un falsario!