El Coronel Chabert
El Coronel Chabert De pronto Clara se levantó; el grupo que se había formado en torno a Juanito se dispersó y esa niña, con razón rebelde, vio ante el hermano, de pie, a su anciano padre, que exclamó solemne:
—Juanito, te lo ordeno.
Como el joven conde se quedara quieto, su padre cayó de hinojos. Involuntariamente, Clara, Manuel y Felipe lo imitaron. Todos tendieron las manos hacia aquel que debía salvar a la familia del olvido y parecieron repetir estas palabras paternas:
—Hijo mío, ¿acaso estás falto de energía española y de verdadera sensibilidad? ¿Quieres tenerme mucho tiempo de rodillas? ¿Has de pensar en tu vida y tus sufrimientos?
Y volviéndose hacia la marquesa, el anciano añadió:
—¿Es de veras mi hijo, señora?
—¡Ha accedido! —exclamó la madre con desesperación al ver a Juanito hacer un gesto con las cejas cuyo significado sólo ella conocía.