El Coronel Chabert
El Coronel Chabert Tres meses después del encuentro de Poussin y Porbus, éste fue a ver a maese Frenhofer. Al anciano lo embargaba uno de esos desánimos profundos y espontáneos cuya causa estriba, si damos crédito a los matemáticos de la medicina, en una mala digestión, en el viento, el calor o algún tipo de hinchazón de los hipocondrios, o bien, al decir de los espiritualistas, en la imperfección de nuestra naturaleza moral. El hombre se habÃa cansado, lisa y llanamente, tratando de acabar su misterioso cuadro. Estaba lánguidamente sentado en un amplio butacón de roble tallado, guarnecido de cuero negro. Sin abandonar su actitud melancólica, lanzó a Porbus la mirada de un hombre aposentado en su hastÃo.
—Entonces, maestro —le dijo Porbus—, el ultramar que fuisteis a buscar a Brujas, ¿dejaba que desear? ¿Acaso no habéis sabido moler nuestro nuevo blanco? ¿Vuestro aceite es malo, o los pinceles esquivos?