El Coronel Chabert
El Coronel Chabert —¡Ay de mÃ! —exclamó el anciano—. Por un momento pensé que mi obra estaba terminada, pero está claro que me equivoqué en algunos detalles y no me quedaré tranquilo hasta despejar mis dudas. Estoy dispuesto a salir de viaje e irme a TurquÃa, a Grecia, a Asia, para buscar un modelo y comparar mi cuadro con distintas naturalezas. Tal vez tenga ahà arriba —prosiguió esbozando una sonrisa de contento— a la naturaleza misma. A veces, casi tengo miedo de que un soplo me despierte a esa mujer y que desaparezca.
Luego, de repente, se levantó como para marcharse.
—¡Oh, oh! —respondió Porbus—, llego a tiempo para ahorraros el gasto y las fatigas del viaje.
—¿Cómo? —preguntó Frenhofer extrañado.
—El joven Poussin es amado por una mujer cuya incomparable belleza carece de toda imperfección. Pero, mi querido maestro, si accede a prestárosla, al menos tendréis que dejarnos ver vuestro lienzo.
El anciano permaneció de pie, quieto, en un estado de estupefacción perfecta.