El Coronel Chabert
El Coronel Chabert —¡Oh! Está acabado —dijo Frenhofer—. Quien lo mirara verÃa una mujer tendida en un lecho de terciopelo, bajo unos cortinajes. Junto a ella, un pebetero de oro exhala fragancias. EstarÃas tentado de coger la borla de los cordones que sujetan las cortinas y te parecerÃa ver el seno de Catherine Lescault alzarse al ritmo de su respiración. Aun asÃ, querrÃa estar seguro…
—Id pues a Asia —respondió Porbus al percibir una especie de vacilación en la mirada de Frenhofer.
Y Porbus dio algunos pasos hacia la puerta de la sala.
En ese momento, Gillette y Nicolas Poussin llegaban a casa de Frenhofer. Cuando la joven fue a entrar, se soltó del brazo del pintor y retrocedió como si hubiera sido presa de un presentimiento repentino.
—Pero ¿qué estoy haciendo aqu� —preguntó a su amante con voz profunda, mirándolo fijamente.
—Gillette, he dejado la decisión en tus manos y quiero obedecerte en todo. Eres mi conciencia y mi gloria. Vuelve a casa; serÃa más feliz, tal vez, que si tú…