El Coronel Chabert
El Coronel Chabert —¿Soy dueña de mà misma cuando me hablas as� ¡Oh, no, ya no soy más que una niña! Vamos —añadió como si hiciera un violento esfuerzo—, si muere nuestro amor y lleno mi corazón de pesadumbre, ¿no será tu fama el precio de mi obediencia a tus deseos? Entremos, será también seguir viviendo el permanecer como un recuerdo en tu paleta.
Al abrir la puerta de la casa, los dos amantes se encontraron con Porbus, que asombrado por la belleza de Gillette, cuyos ojos estaban llenos de lágrimas, la asió, toda temblorosa, y llevándola hasta el anciano le dijo a éste:
—Mirad, ¿acaso no puede comparársela con todas las obras maestras del mundo?