El Coronel Chabert
El Coronel Chabert HabÃa amor además en el grito de Frenhofer. ParecÃa coquetear con su apariencia de mujer y disfrutar por adelantado del triunfo que la belleza de su virgen iba a obtener frente a la de una muchacha de verdad.
—No dejéis que se eche atrás —exclamó Porbus dando una palmada en el hombro de Poussin—. Los frutos del amor pasan rápido, los del arte son inmortales.
—¿Asà que para él no soy nada más que una mujer? —preguntó Gillette mirando atentamente a Poussin y Porbus.
Levantó la cabeza con orgullo, pero cuando tras lanzar una mirada centelleante a Frenhofer, vio a su amante contemplando de nuevo el retrato que en su dÃa habÃa tomado por un Giorgione, exclamó:
—¡Ay! ¡Subamos! Él nunca me ha mirado asÃ.
—Viejo —prosiguió Poussin, al que la voz de Gillette habÃa sacado de su meditación—, mira esta espada; la hundiré en tu corazón a la primera palabra de queja que pronuncie esta muchacha, incendiaré tu casa y nadie saldrá de ella. ¿Te queda claro?