Los campesinos
Los campesinos Durante los ocho últimos años de su vida, la señorita Laguerre no tocó más de treinta mil francos de los cincuenta mil que le proporcionaba la propiedad de Les Aigues. Como puede verse, Gaubertin había llegado a los mismos resultados administrativos que su predecesor, aunque los productos de las granjas y de los cultivos habían aumentado notablemente entre el 1791 y el 1815, sin contar las continuas adquisiciones de la señorita Laguerre. Pero el plan que se había trazado Gaubertin para heredar Les Aigues a la muerte de la señorita Laguerre, lo que parecía próximo, le obligaban a mantener aquella propiedad en un permanente estado de verdadera depauperación, en cuanto a los ingresos ostensibles. Iniciada en aquella especulación, la Cochet debía participar en el reparto de los beneficios que produjera. Como sea que ya en el ocaso de sus días la ex reina del teatro, que poseía veinte mil libras de renta invertidas en fondos llamados consolidados (de tal modo el lenguaje político se presta a la chanza), no gastaba más de veinte mil francos al año, quedaba francamente extrañada con las adquisiciones anuales realizadas por su administrador para emplear los fondos disponibles, ella, que en otro tiempo tenía que pedir continuamente anticipos sobre sus ingresos. El efecto de las pocas necesidades de su vejez le parecía un resultado de la honradez de Gaubertin y de la señorita Cochet.