Los campesinos
Los campesinos —Tiene usted un enemigo en su propia casa, mi general, y le confÃa unos proyectos que no deberÃa comunicar ni a su propio gorro de dormir.
—Comparto tus sospechas, estimado amigo —replicó Montcornet—; pero no pienso cometer dos veces la misma equivocación. Para sustituir a Sibilet debo esperar a que tú estés al corriente de la administración de la propiedad y que Vatel pueda ocupar tu puesto. No obstante, ¿qué es lo que yo puedo reprochar a Sibilet? Es un hombre honrado que cumple puntualmente su cometido; en cinco años, no se ha quedado ni con un centenar de francos. Tiene el carácter más detestable que pueda existir, pero nada más; por otra parte, ¿cuál podrÃa ser su plan?