Los campesinos
Los campesinos —General —dijo gravemente Michaud—, yo lo sabré, porque lo cierto es que tiene alguno; y, si usted lo permite, una bolsa de mil francos harÃa que el tÃo Fourchon lo cuente, aunque desde esta mañana sospecho que el tal Fourchon bebe en más de una fuente. Se está intentando obligarle a usted a que venda Les Aigues; ese viejo bribón de cordelero me lo ha confesado. Sepa usted que desde Conches hasta la Ville-aux-Fayes no hay campesino, pequeño burgués, granjero o tabernero, que no tenga preparado ya el dinero para cuando llegue el dÃa de la compra. Fourchon me ha confiado que su yerno, Tonsard, tiene también el dinero recogido… En todo el valle es general la opinión de que usted tendrá que vender Les Aigues. Quizá el pabellón de la administración y algunas tierras adyacentes sean el precio que espera recibir Sibilet por su espionaje. Nada de lo que se dice en esta casa es ignorado en la Ville-aux-Fayes. Sibilet es pariente de su enemigo Gaubertin. Lo que acaba de manifestar usted a propósito del procurador general probablemente llegará a oÃdos de dicho magistrado antes de que usted haya llegado a la Prefectura. Usted no conoce a las gentes de este distrito.
—¿Que no las conozco? ¡Son verdaderos canallas! ¡Y que tenga que someterme a ellos…! —exclamó el general—. Antes quemaré yo mismo Les Aigues…