Los campesinos
Los campesinos Cuando una localidad está por debajo de una determinada cifra de población, los medios administrativos ya no son los mismos. Hay aproximadamente un centenar de poblaciones en Francia en las cuales las leyes son aplicadas en todo su vigor, y en las que la inteligencia de los ciudadanos se eleva hasta la comprensión de los problemas de interés general o del futuro que la ley pretende resolver; pero en el resto de Francia, en lugares donde no se comprende otra cosa que los goces inmediatos, la gente procura sustraerse a cualquier disposición que pueda molestar a aquéllos. Así, aproximadamente en la mitad de Francia, puede hallarse una fuerza de inercia que desbarata toda acción legal, gubernamental o administrativa. Entendámonos: esa resistencia no se refiere en absoluto a las cosas esenciales de la vida política. La recaudación de impuestos, el reclutamiento y el castigo de los grandes crímenes, se lleva a cabo; de esto no hay duda; pero aparte ciertas necesidades comúnmente reconocidas, todas las disposiciones legislativas que se refieren a las costumbres, a los intereses, a determinados abusos, quedan totalmente abolidas por una especie de malevolencia, general. Y en el momento en que esta escena ve la luz pública, es fácil reconocer dicha resistencia, contra la cual se había ya estrellado Luis XIV en Bretaña. Al comprobar los hechos deplorables que ocasiona la aplicación de la ley de caza, se llega a la conclusión de que cada año se sacrifica la vida de veinte o treinta hombres para salvar la de algunos animales.