Los campesinos
Los campesinos —Pues porque si se prohÃbe a los granjeros medrar aquà —respondió el molinero guiñando un ojo al estilo normando—, nadie os impedirá ir a espigar a otro sitio, a no ser que todos los alcaldes hagan lo mismo que el de Blangy.
—¿Entonces, es verdad? —preguntó Tonsard con gesto amenazador.
—Yo —dijo Bonnébault inclinándose su gorro de cuartel hacia una oreja y haciendo silbar su varita de avellano regresó a Conches para prevenir a los amigos…
Y el seductor del valle se fue, silbando la tonada de esta canción soldadesca:
Toi qui connais les hussards de la garde,
Connais-tu pas l’frombon du régiment[6]?.
—¿Te has fijado, MarÃa, en el camino que tu amigo toma para ir a Conches? —gritó la vieja Tonsard a su nieta.
—¡Va a ver a Aglaé! —respondió MarÃa dando un portazo—. Merece una buena tunda esa sinvergüenza…
—Mira, Vaudoyer —dijo Tonsard al exguarda forestal—, ve a ver al tÃo Rigou; asà sabremos a qué atenernos; él es nuestro oráculo, y su saliva no nos va a costar nada.