Los campesinos
Los campesinos En el 1791, y en el momento en que el cura Niseron ofreció asilo a Rigou y al hermano Juan, la pequeña Niseron se permitió una travesura bien inocente. Jugando con Arsenia y otras niñas a ese juego que consiste en esconder, cada uno por turno, un objeto cualquiera que los demás procuran encontrar, y en el que se grita «¡caliente!» o «¡frÃo!» según que los buscadores se aproximen o se alejen del objeto escondido, la pequeña Genoveva tuvo la idea de esconder el fuelle de la sala dentro de la cama de Arsenia. El fuelle no se pudo encontrar, y el juego terminó. Genoveva, al marcharse con su madre, se olvidó de volver a poner el fuelle en el gancho de que pendÃa. Arsenia y su tÃa estuvieron buscando el fuelle durante una semana, pasado este tiempo, dejaron de buscarlo, ya que podÃan pasarse sin él; el anciano cura soplaba el fuego con una cerbatana de los tiempos en que la cerbatana estaba de moda, y que sin duda procedÃa de la casa de algún cortesano de Enrique III. Por fin, una tarde, un mes antes de su fallecimiento, el ama, después de una comida a la que habÃan asistido el abate Mouchon, la familia Niseron y el cura de Soulanges, reanudó las lamentaciones de JeremÃas a propósito del fuelle, sin poderse explicar su desaparición.
—¡SÃ, desde hace quince dÃas está en la cama de Arsenia! —dijo la pequeña Niseron soltando la carcajada—. Si esta holgazana se hiciera cada dÃa la cama, lo habrÃa encontrado…