Los campesinos

Los campesinos

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Corresponsal de una casa de seguros, las cuales empezaban a aparecer en Francia; agente de una sociedad contra las probabilidades del reclutamiento, el ujier acumulaba una serie de ocupaciones poco retribuidas, por lo que su fortuna era muy difícil de conseguir, mayormente con sus vicios de jugar al billar y beber vino cocido. Lo mismo que Fourchon, cultivaba con éxito el arte de no hacer nada y el de esperar la fortuna fiando en un problemático azar. Odiaba profundamente a toda la alta sociedad, pero conocía cuál era su poder. Plissoud conocía también a fondo la tiranía burguesa organizada por Gaubertin; perseguía con sus burlas a los ricachones de Soulanges y de la Ville-aux-Fayes, representando él solo la oposición. Sin crédito ni bienes, parecía que nada debía temer; por su parte, Brunet, encantado al ver que su competidor era persona despreciada, le protegía para que no se viera obligado a vender su oficina a algún otro joven entusiasta, como Bonnac por ejemplo, con el cual habría tenido que repartirse la clientela del distrito.

—Gracias a gentes como éstas, la cosa marcha —respondió Socquard—; pero están falsificando mi vino cocido.

—Hay que seguir —dijo sentenciosamente Rigou.

—Eso me llevaría demasiado lejos —contestó el tabernero, haciendo un juego de palabras sin saberlo.

—¿Y se llevan bien tus clientes?


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