Los campesinos
Los campesinos Ese ademán, con el que Rigou eludÃa estrechar la mano con la más frÃa de las demostraciones, habrÃa bastado para pintar al hombre a uno que no le hubiera conocido.
—Busquemos un rincón donde podamos hablar tranquilamente —dijo el ex fraile mirando a Lupin y a la señora Soudry.
—Volvamos al salón —respondió la reina—. Estos caballeros —añadió señalando al médico Gourdon y a Guerbet— se han enfrascado en la discusión de un asunto… peliagudo.
La señora Soudry preguntó cuál era el asunto que se discutÃa; Guerbet, siempre tan espiritual, le respondió: «Se trata de un asunto peliagudo». La reina creyó que se trataba de un tema cientÃfico, y Rigou sonrió al oÃrle repetir el calificativo con acento pretencioso.
—¿Qué ha hecho esta vez el Tapicero? —preguntó Soudry, quien se sentó al lado de su mujer, cogiéndola por la cintura.
Como todas las mujeres viejas, la Soudry sabÃa perdonar muchas cosas a cambio de un testimonio público de ternura.
—Pues —contestó Rigou en voz baja para dar ejemplo de prudencia— se ha ido a la Prefectura para reclamar la ejecución de las sentencias y exigir mano dura.