Los campesinos
Los campesinos —Eso será su perdición —dijo Lupin frotándose las manos—. Se quemará.
—¡Se quemará! —repitió Soudry—. Claro que depende… Si el prefecto y el general, que son amigos suyos, mandan un escuadrón de caballerÃa, los campesinos no se atreverán a quemar nada… En realidad, podrÃan dar buena cuenta de los gendarmes de Soulanges; pero intentar resistir una carga de caballerÃa…
—Sibilet le ha oÃdo decir algo mucho más peligroso que eso, y es precisamente lo que me ha hecho venir —prosiguió Rigou.
—¡Oh, mi pobre SofÃa…! —exclamó sentimentalmente la señora Soudry—. ¡En qué manos han ido a caer Les Aigues! Esto es lo que nos ha traÃdo la Revolución: unos bribones que siembran espinacas. No deberÃa olvidarse, cuando se vierte el contenido de una botella, que las heces suben a la superficie y estropean el vino.
—Tiene la intención de ir a ParÃs y de intrigar con el guardasellos para cambiar el tribunal.
—¡Ah! —dijo Lupin—. Ha comprendido el peligro.