Los campesinos

Los campesinos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Una docena de tuyas, plantadas a derecha e izquierda en cajones, y que eran conocidas como los árboles del café, ofrecían al visitante el espectáculo de su vegetación tan enfermiza como pretenciosa. Los toldos, mediante los cuales los comerciantes de París y de algunas ciudades opulentas protegían sus tiendas contra los rayos del sol, eran por aquel entonces un lujo desconocido en Soulanges. Las redomas que se alineaban en las tablas de las ventanas justificaban su presencia porque se las empleaba para cocciones periódicas del licor. Concentrando sus rayos por medio de la curvatura de los cristales, el sol casi hacía hervir las botellas de madera, los jarabes, los alcoholes y los frascos de ciruelas y cerezas en aguardiente, expuestos a lo largo de las paredes, pues el calor era tan grande que obligaba a Aglaé, a su padre y al mozo a sentarse en taburetes a ambos lados de la puerta, mal protegidos por los depauperados arbustos que la señorita Socquard regaba con agua casi caliente. En ciertos días se les veía a los tres, al padre, a la hija y al mozo, sentados a la puerta del establecimiento como animales domésticos, durmiendo.






👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker