Los campesinos

Los campesinos

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En el año 1804, época en que estuvo de moda Pablo y Virginia, el interior fue recubierto con un papel pintado representando las principales escenas de esa novela. Se veían unos negros recolectando café, del cual, por otra parte, no se bebía en aquel establecimiento ni veinte tazas al mes. Los productos coloniales estaban tan lejos de las costumbres soulangesas, que un forastero que hubiese pedido una taza de chocolate, habría puesto al señor Socquard en una embarazosa situación; no obstante, sí habría conseguido que se le sirviera el nauseabundo líquido hervido que producen esas tabletas en cuya composición entran más la harina, las almendras molidas y el azúcar cande que el azúcar de caña y el cacao, vendidas a dos sueldos por los tenderos de la localidad y fabricadas exclusivamente con la finalidad de arruinar el comercio de ese producto español.

En cuanto al café, el señor Socquard lo hacía simplemente hervir en un utensilio conocido en todas las casas con el nombre de el gran caldero, dejando caer en el fondo un polvo mezclado de achicoria, y servía la cocción, con una sangre fría digna de un camarero de París, en una taza de porcelana que, de caer al suelo, no se habría ni siquiera rajado.



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