Los campesinos
Los campesinos —El tÃo Fourchon es una bellÃsima persona, educado y con mucho sentido común —dijo Rigou, quien pagó su limonada y salió de aquel hediondo local al ver que el dueño del café le habÃa traÃdo el calesÃn hasta la puerta.
Al subir al coche, Rigou vio al farmacéutico, y le llamó con un «¡Eh, señor Vermut!». Al reconocer al ricachón, Vermut apretó el paso, Rigou fue a su encuentro y le dijo al oÃdo:
—¿Cree usted que hay algún reactivo capaz de desorganizar el tejido de la piel hasta el punto de causar una enfermedad real, como un panadizo en el dedo?
—Si el señor Gourdon colabora, sà —respondió el pequeño sabio.
—Vermut, ni una sola palabra de esto, o me enfadaré; pero hable con Gourdon y dÃgale que vaya a verme pasado mañana; le proporcionaré la delicada operación de cortar un dedo Ãndice.
Luego el ex alcalde, dejando atónito al pequeño boticario, subió al coche y se sentó al lado de MarÃa Tonsard.