Los campesinos
Los campesinos —Ese Michaud tiene una mujer muy hermosa —dijo Nicolás Tonsard.
—Está encinta —añadió la vieja—; pero si las cosas siguen asÃ, el bautizo será sonado.
—¡Oh! Todos esos armañacs de ParÃs —dijo MarÃa Tonsard—; es imposible divertirse con ellos… Llegada la ocasión, te denunciarÃan sin tener en cuenta lo que antes se han divertido…
—Entonces, ¿has tratado de enredarlos? —repuso Courtecuisse.
—Seguro.
—Y bien —dijo Tonsard con aire decidido—, si son hombres como los demás, algo podrÃa conseguirse.
—Yo creo que no —prosiguió MarÃa, reanudando sus pensamientos—. No saben divertirse. A saber qué les da ese cabezota del pabellón, quien, después de todo, está casado; pero Vatel, Gaillard y Steingel son solteros, no tienen a nadie en la región y ninguna mujer querrá nada con ellos.
—Ya veremos como se presentan las cosas durante la siega y la vendimia —dijo Tonsard.
—No dejarán espigar —aseguró la vieja.