Los campesinos

Los campesinos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Ese ruido, mi querida profesora de historia natural, no lo ha hecho ningún animal; ha sido un ruido inteligente, que sólo puede hacerlo el hombre.

A la condesa la sobrecogió el miedo y echó a correr por el macizo de flores, retrocediendo para salir del bosque.

—¿Qué le ocurre? —le gritó Blondet, inquieto, corriendo detrás de ella.

—Me ha parecido ver unos ojos… —dijo al llegar a uno de los caminos que les habían conducido hasta la carbonera.

En ese momento oyeron la sorda agonía de un ser súbitamente degollado, y la condesa, aterrada, echó a correr tan rápidamente que Blondet tuvo que hacer un esfuerzo para seguirla. Corría, corría como un fuego fatuo; no oía a Emilio que le gritaba: «¡Se ha engañado…!». Ella seguía corriendo. Blondet consiguió alcanzarla, y continuaron corriendo. Finalmente, los detuvieron Michaud y su esposa, que paseaban cogidos del brazo. Emilio, jadeando, y la condesa sin casi respirar, estuvieron un buen rato sin poder pronunciar una palabra; después se explicaron. Michaud se unió a Blondet para burlarse de los temores de la condesa, y el guarda acompañó a los dos desorientados paseantes por el camino que conducía donde les esperaba el tílburi. Al llegar a la valla, la señora Michaud llamó:

—¡Príncipe!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker