Los campesinos
Los campesinos —Yo lo prepararé —dijo Blondet.
—¡Han matado al perro…! —exclamó la señora Michaud secándose las lágrimas.
—¿Tanto querÃas a ese pobre lebrel para llorarlo asÃ? —repuso la condesa.
—Pienso en PrÃncipe sólo por un funesto presagio; temo que le suceda algo a mi marido.
—Nos han echado a perder la mañana —dijo la condesa con una adorable mueca.
—Como echan a perder el paÃs —respondió tristemente la joven esposa.
Encontraron al general esperándoles en la verja.
—¿De dónde vienen? —preguntó.
—Ahora lo sabrá —contestó Blondet con tono misterioso y ayudando a bajar del coche a la señora Michaud, cuya tristeza sorprendió al conde.
Poco después el general y Blondet estaban en la terraza de los apartamentos.
—¿Está usted bien provisto de valor moral? Supongo que no se dejará llevar por la cólera, ¿no es as�
—No —respondió el general—; pero termine ya, o creeré que se está burlando de mÃ…
—¿Ve usted esos árboles con el ramaje muerto?
—SÃ.
—¿Ve los otros de un color más amarillento?
—SÃ.