Los campesinos
Los campesinos —No te preocupes —contestó Courtecuisse—; yo me colocaré a diez minutos de ti en la carretera, a la derecha de Blangy yendo hacia Soulanges; Vaudoyer se pondrá a diez minutos de ti en dirección a Conches, y si viene alguien, un coche de postas, el correo, los gendarmes, en fin, cualquiera que sea, dispararemos al suelo un tiro ahogado.
—¿Y si no le doy…?
—Tiene razón —observó Courtecuisse—. Yo soy mejor tirador que tú; Vaudoyer, yo iré contigo. Bonnébault me reemplazará, gritará; asà le podremos oÃr, y es mucho menos sospechoso que un disparo.
Los tres volvieron a entrar y la fiesta continuó, pero a las once, Vaudoyer, Cortecuisse, Tonsard y Bonnébault salieron con sus fusiles sin que ninguna de las mujeres se diese cuenta. Regresaron tres cuartos de hora más tarde y bebieron hasta la una de la madrugada. Las dos hijas Tonsard, su madre y la Bonnébault habÃan dado de beber tal cantidad de vino a los jornaleros, al molinero y a dos campesinos, asà como a Fourchon, que estaban tumbados en el suelo y roncando cuando los cuatro compinches salieron. Al regresar sacudieron a los dormidos, los cuales seguÃan en el mismo sitio.