Los campesinos

Los campesinos

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Los trabajadores y los pillos del país adquirieron, a la larga, la costumbre de frecuentar el figón del Grand-I-vert, tanto debido a los talentos culinarios de la Tonsard como a la camaradería existente entre aquella familia y las clases más bajas de la población del valle. Las dos hijas, ambas notablemente hermosas, continuaban las costumbres de la madre. Finalmente, la antigüedad del Gran-I-vert, que databa del 1795, hacía de la taberna algo casi sagrado. Desde Conches hasta Ville-aux-Fayes, los jornaleros acudían allí a tratar de sus negocios, a enterarse de las noticias que traían y llevaban las hijas del matrimonio, así como las que difundían Mosca y Fourchon, de las que tenían conocimiento por Vermichel o por Brunet, el escribano de más nombradía de Soulanges, cuando iba en busca de su testigo. Allí se establecían los precios del heno, del vino, el de los jornales y el de los trabajos a destajo. Tonsard, juez soberano en aquellas materias, dictaba sentencia mientras bebía con los clientes. Soulanges, según opinión de la gente de la región, era considerada como un buen lugar de sociedad, de diversiones, mientras que Blangy era el pueblo comercial, oscurecido únicamente por Ville-aux-Fayes, convertida, en veinticinco años, en capital de aquel magnífico valle. El mercado de ganado y de granos tenía lugar en Blangy, en la plaza, y sus precios servían de termómetro a todo el distrito.


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