Tratado de la vida elegante
Tratado de la vida elegante Los hombres siguen debiendo las delicias de la vida y el poder al azar que, antaño, creaba a los nobles; porque el talento es una ventura para la organización, como la fortuna patrimonial lo es de nacimiento.
Por lo tanto, el ocioso siempre gobernará a sus semejantes: tras haber interrogado y agotado las cosas, le asaltan ganas de representar a los hombres. Además, puesto que al tener la existencia asegurada es el único que puede estudiar, observar y comparar, el rico despliega el espíritu de invasión inherente al alma humana en provecho de su inteligencia: y entonces el triple poder del tiempo, el dinero y el talento le garantiza el monopolio del imperio; porque el hombre armado con el pensamiento ha sustituido el adalid cargado de hierro. El mal ha perdido su fuerza al extenderse; la inteligencia se ha vuelto el soporte de nuestra civilización: éste es todo el progreso comprado por la sangre de nuestros padres.