Tratado de la vida elegante
Tratado de la vida elegante Ayer mismo, los francos sin armaduras, pueblo débil y degenerado, continuaban los ritos de una religión muerta y alzaban los estandartes de una potencia desvanecida. Ahora, cada hombre que se erigirá se apoyará sobre su propia fuerza. Los ociosos ya no serán fetiches, sino verdaderos dioses. Entonces la expresión de nuestra fortuna resultará de su empleo y la prueba de nuestra elevación individual radicará en el conjunto de nuestra vida; porque prÃncipes y pueblos comprenden que la señal más enérgica ya no suplirá al poder. Asimismo, para tratar de plasmar un sistema mediante una imagen, no quedan tres figuras de Napoleón en ropajes imperiales y lo vemos por doquier vestido con su pequeño uniforme verde, con su sombrero de tres alas y los brazos cruzados. Sólo es poético y verdadero sin el charlatanismo imperial. Al precipitarlo de lo alto de su columna, sus enemigos lo engrandecieron. Despojado de los oropeles de la realeza, Napoleón se vuelve inmenso; es el sÃmbolo de su siglo, un pensamiento del porvenir. El hombre poderoso es siempre sencillo y sosegado.