Tratado de la vida elegante
Tratado de la vida elegante Únicamente la observación religiosa de este principio permite al hombre desplegar, hasta en los mínimos actos, una libertad sin la que la gracia no existiría. Si mide sus deseos en función de su poder, permanece en su esfera sin temer venir a menos. Esta seguridad de acción, que podría llamarse la conciencia del bienestar, nos preserva de todos los reveses ocasionados por una vanidad mal entendida.