Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador Vaciló Aviraneta en aceptar cargo tan subalterno; pero al asegurarle el jefe político que el Gobierno había despachado una orden al Empecinado para que tomase el mando de las tropas de la provincia, aceptó.
Se decidió formar una compañía volante, dirigida por él, que haría el servicio de información.
A la medianoche del 29 al 30 de abril salía la columna del Empecinado para Covarrubias, precedida de la patrulla exploradora de Aviraneta.
No consiguieron que el cura cayera en ninguna trampa. Conocía el terreno como nadie y contaba con el paisanaje.
Tras de esta campaña contra Merino, Aviraneta dejó el ejército y volvió a Aranda de Duero, a seguir en sus cargos de regidor, subteniente y comisionado del Crédito Público. Era la primavera de 1821.
Unos días después tomaba Aviraneta la diligencia para Madrid.
Muchas veces decidió ocuparse únicamente de sus asuntos personales. Pensaba así responder al olvido en que le tenía la gente de Madrid.
Había trabajado tanto como el que más por el triunfo de la Constitución y de la libertad; expuesto su vida, empleado parte de su dinero, acudido siempre al primer llamamiento, y, a pesar de esto, nadie se acordaba de su persona.[4]