Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador Aviraneta encontraba la hostilidad siempre en todas partes; sus trabajos, sus esfuerzos, su desinterés no se apreciaban, no tenían valor. Las recompensas saltaban al llegar a él. Se hubiera creído que alguien tenía la constante intención de anularle, de achicarle.
Aviraneta quiso durante algún tiempo tomar el pulso a Madrid y ver si de la baraúnda de opiniones de unos y de otros se sacaba algo en limpio. Pronto pudo ver que no se sacaba nada.
La revolución española era como un carro pesado tirado por mariposas: no podía avanzar.
A principios de 1822, el país marchaba muy mal; la guerra civil reinaba en todas partes. En Cataluña, Navarra y Castilla se levantaban partidas.
Merino no salía de su escondrijo, pero se movían sus secuaces.