Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador El día 20 de enero de 1823, Aviraneta presenciaba en la calle de Alcalá la partida de cuatro compañías de milicianos, que se dirigían a Guadalajara. Comenzaban a marchar las primeras calesas con los milicianos calle abajo, cuando un mozo de La Fontana de Oro se acercó a Aviraneta con una carta del Empecinado.
En el café había dos lanceros que le venían buscando. Don Juan Martín decía que necesitaba de él: que le nombraba secretario de campaña y ayudante de campo; que pidiera un caballo en el Ministerio de la Guerra, y que saliese inmediatamente para Torija.
Aviraneta pidió el caballo, y, poco después, entre los dos lanceros, pasaba por la puerta de Alcalá, alcanzaba a los milicianos y seguía adelante.
Cuando llegó Aviraneta, el Empecinado se manifestó furioso contra el Gobierno y el ministro. Don Juan Martín había advertido desde Sigüenza que no tenía fuerzas bastantes para luchar con Bessieres, y el ministro, como si nada le importase que derrotaran al Empecinado, insistió en que atacase.
No tenía el Empecinado arriba de cuatrocientos hombres. Estos se hallaban descalzos, faltos de camisa, devorados de parásitos, en verdadera miseria.