Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador Al llegar a Aranda, Aviraneta contrató con un arriero el porte de los muebles que quería llevar a Madrid, y al atardecer, embozado en la capa, entró en su antigua casa. Recogió algunos papeles que tenía allí y llenó un cestillo de cubiertos y objetos de plata. Hecho esto, bajó a la bodega, metió en un cántaro sus cubiertos y sus papeles, lo cerró y lacró, y, levantando una losa del suelo, enterró el cántaro en el agujero.
Al día siguiente, el Empecinado con su escolta se dirigió a Madrid.