Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador Un momento después, entró Regato con los ojos vendados y sujeto por cuatro hombres.
Después de un interrogatorio, preguntó el presidente:
—¿Tenéis la conciencia de que el acusado es culpable?
—SÃ, sà —dijo la mayorÃa.
—¿Qué pena merece?
—La marca, la marca.
En esto, se descorrió la cortina negra, y en el fondo aparecieron dos enmascarados con un braserillo encendido.
Regato, al verlo, dio un grito espantoso, y se levantó de la silla. Se produjo un gran barullo y se oyó un silbido agudo.
—¡La ronda! ¡La ronda! —gritaron varios, y huyeron. Regato habÃa desaparecido.
Aviraneta, curioso, contemplaba la escena. En aquella sociedad abundaban los polizontes, como en casi todas las sociedades secretas.