Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador LA INTERVENCIÓN FRANCESA
A los pocos dÃas, don Juan MartÃn y don Eugenio iban a conferenciar al Ministerio de Estado con don Evaristo San Miguel.
Se habló largo rato de la situación de España y de la invasión francesa, que parecÃa inminente.
—Casi valdrÃa la pena de que fuera usted otra vez a Francia —dijo de pronto San Miguel a don Eugenio.
—¿A ParÃs?
—No, a la frontera.
—Pues si usted quiere, voy. ¿Qué hay que hacer? —preguntó don Eugenio.
—Primero, averiguar cómo va la cuestión de la Intendencia del ejército de Angulema, y si no hay esperanza en esto, marchar a San Sebastián y ayudar a los emigrados franceses, que parece que van a hacer un intento.
—Muy bien. Estoy a la orden de usted.
—Pues cuanto antes. Si puede hoy, mejor que mañana. Me conviene que vaya usted en seguida.
En cuanto llegue a la frontera, que le tengan preparada una silla de posta, e inmediatamente que sepa usted algo definitivo, me avisa. Ahora voy a que escriban los reales decretos: uno para usted, Aviraneta; otro para usted, don Juan MartÃn.
—¿Qué ha pensado usted para m� —preguntó el Empecinado.