Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador —Haré que el rey le autorice para el levantamiento y organización de guerrillas en Castilla la Vieja y la Nueva, para oponerse a la invasión francesa.
—Iremos juntos hasta Valladolid —dijo el Empecinado.
—Bueno, iremos juntos —contestó Aviraneta.
Dejando a don Juan Martín muy desalentado en Valladolid, Aviraneta marchó a Burgos; se detuvo unas horas en Miranda y en Vitoria, y llegó a San Sebastián.
Allí conferenció con los jefes, y les explicó su misión de averiguar lo que ocurría con la Intendencia del ejército de Angulema y de cómo el ministro deseaba que se dieran facilidades al proyecto de los republicanos franceses, que intentaban hacer desistir a sus paisanos de la invasión. Después fue a Bayona.
Al llegar tomó un cuartucho alto en la fonda de San Esteban. Luego fue a casa de Juan Bautista Beúnza, y le encargó que tuviera constantemente preparado el tílburi para salir en cualquier momento a toda prisa para España.