Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador SORPRESA DE MORALEJA
EL Empecinado y su Estado Mayor estaban alojados en una casa grande, separada del pueblo y rodeada de tapias.
Se pasó la noche con tranquilidad, y al comenzar el día se presentó una mañana de verano ardorosa y sofocante.
El Empecinado había pensado no emprender la marcha hasta la caída de la tarde.
Serían las diez próximamente cuando por el lado del pueblo comenzó un ligero tiroteo, que se convirtió en furiosas descargas.
—¿Pero qué pasa? —preguntó el Empecinado.
Unos soldados fugitivos, llenos de zozobra, contaron a don Juan Martín que la tropa que pernoctaba en Moraleja había sido sorprendida por el cura Merino.
Merino, con una fuerza de tres mil a cuatro mil infantes y con ochocientos caballos, marchando de noche y con el mayor sigilo, y dirigido por buenos guías, se había presentado a una legua de Moraleja en las primeras horas de la mañana.
Para despistar, había echado a andar delante de sus tropas varios rebaños que levantaban nubes de polvo.
