Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador Entre los liberales que estaban en la casa y los que habían venido se formó un pelotón de sesenta hombres. Don Juan y unos cuantos más, gente forzuda y fuerte, enarbolaron las lanzas, y el piquete salió al galope hacia el pueblo.
La entrada del Empecinado por el pueblo fue trágica. A lanzadas y sablazos, atropellando con los caballos, se abrieron paso.
—¡Viva la libertad! —gritaba Aviraneta, entusiasmado, levantando su sable en alto.
Como un aluvión se pasó Moraleja, y se siguió carretera adelante, hacia Hoyos. Los realistas, repuestos de la sorpresa, reunieron doscientos jinetes, que se lanzaron en persecución de los liberales.
Afortunadamente para estos, la mayoría de los caballos de los feotas estaban cansados de la jornada del día anterior, y no podían darles alcance.
En Hoyos, los realistas subieron al galope hasta la iglesia. Las herraduras de los caballos hacían ruido de campanas en las piedras.
Los liberales les hicieron una descarga cerrada, que mató a ocho o diez hombres.
Después de una hora de combate, los feotas se retiraron, dejando algunos muertos, quince o veinte heridos y otros tantos caballos, de los que se apoderaron los liberales.