Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador El Empecinado, Aviraneta y el jefe de los nacionales de Hoyos conferenciaron. Era, indudablemente difícil defenderse en Hoyos con tan poca gente; podían meterse en la iglesia y atrincherarse allí, pero entonces se verían expuestos a un sitio.
El jefe de los nacionales consideraba más fácil defenderse en la próxima aldea de Trevejo, que, además de estar en un cerro, con una subida difícil, tenía la ventaja de que se podía avisar desde allí a San Martín de Trevejo, donde se hallaban refugiados algunos nacionales de los contornos.
Serían las cuatro y media de la tarde cuando salió de Hoyos Aviraneta con los milicianos, y aproximadamente las seis cuando daban frente a Trevejo.
Aviraneta pensó varias estratagemas para detener a los realistas; la mayoría tuvo que desechar, y, al último, se decidió por una.
A un cuarto de hora de Trebejo partía de la calzada un camino que escalaba un cerro y conducía a la aldea. A unos trescientos pasos de la bifurcación mandó clavar palos entre las ramas, puso encima los morriones de los nacionales, e hizo que se quedaran tres o cuatro allí. Después de hecho esto, fue colocando sus veinticinco hombres en un castañar próximo. Si los realistas tomaban por el camino de la aldea, él, con su gente, les atacaría por la espalda.