Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador El aire de estupor febril de Aviraneta hizo creer al andaluz jefe de los realistas que el preso era un pobre infeliz, casi idiota.
—Realmente —murmuró el andaluz—, a este desdichado es una tonterÃa prenderlo; pero, en fin, le llevaremos a Sevilla con los demás y allà ya verán lo que hacen con él.
Durmieron los presos los dÃas posteriores en las cárceles de Gibraleón, Niebla, Palma, Sanlúcar la Mayor, y al quinto dÃa entraron en Sevilla.