Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador ESCAPATORIA
EL día 27 de septiembre de 1823, a las once de la mañana, llegaban los presos a la capital de Andalucía, y hacían su entrada triunfal en medio de gritos y mueras y de alguno que otro tomate podrido o troncho de berza con que les obsequiaba el pueblo soberano.
Fueron todos a parar a la Subdelegación de Policía. El subdelegado estaba en Alcalá de Guadaira y les recibió su secretario.
Interrogó al sargento rápidamente y mandó que llevaran a los presos por delitos comunes a la cárcel, a los soldados catalanes a la Comandancia Militar y a Aviraneta al Salón de Cortes.
El sargento distribuyó su fuerza, y envió a don Eugenio con un soldado a su destino. Aquel Salón de Cortes era un antiguo cuartel de artillería que antes había sido colegio de jesuitas.
Le recibió el alcaide, andaluz de unos sesenta años, a quien llamaban el señor Pepe.
El señor Pepe, el alcaide, le alquiló dos colchones y una almohada, y buscando sitio para hacer su nido, encontró don Eugenio una pequeña tribuna vacante, donde se instaló.
Poco después del mediodía, los presos se disponían a comer en las mesas, formando grupos.
La mayor parte de los presos eran caballeros y ricos propietarios de Sevilla.