Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador HabÃa en el muelle grupos de españoles que se lamentaban de no tener qué comer ni beber. El sol daba de plano y el calor era insufrible.
—¡Qué vamos a hacer! —pensaba Aviraneta durante la noche—. Mucha de esta gente quiere ir a Inglaterra; pero allà van a andar muy mal hasta que se pueda vivir…; la cuestión serÃa ir a un sitio próximo y esperar una o dos semanas.
Estaba discurriendo asà cuando oyó a su lado hablar de Tánger.
—¡Tánger! Esta serÃa la solución —se dijo a sà mismo. Pensó en todas las eventualidades posibles; la mejor era la de Tánger.
Comunicó a Borja TarrÃus y a Moreno Guerra lo que habÃa pensado, y les pareció bien la idea.
Se entendió Aviraneta con un patrón, que le pidió diez duros por el pasaje, y se volvió al sitio donde aguardaban los amigos. Estos le dijeron que irÃan con ellos un miliciano nacional y su hijo que habÃan pasado la noche en el muelle.
El padre, gitano flaco, muy negro, con ojos verdes oscuros; el hijo, muy parecido al padre, con gran fulgor en la mirada.
Bajaron los cinco por la escalera del muelle a la lancha, y se fueron acomodando.